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sábado, 24 de junio de 2017

Yoga por los pueblos, una experiencia personal.


por Pablo Rego | Una feliz circunstancia que con los años se fue transformando en una motivación. Llevar Yoga a donde hace falta. Desde 2008, en la Comunidad Valenciana, España, a pueblos como Almazora, Requena y Nules hasta la actualidad, cuando cada día voy a dar clases a pueblos de la Provincia de Buenos Aires, Argentina,  como Iriarte, Alberdi y Germania.

La vida en los pueblos y Yoga.

Se suele pesar que la vida en los pueblos es mucho más tranquila que la de las ciudades. Desde el punto de vista del ritmo y de la cantidad de actividad puede ser cierto, pero teniendo en cuenta el estilo de vida del mundo globalizado, la necesidad de liberarse de las tensiones se impone ante los síntomas que presentan los pobladores de estrés y enfermedades relacionadas con hábitos físicos, alimenticios y emocionales poco saludables.

Aquellos que viven a kilómetros de distancia de las grandes urbes miran los mismos canales de televisión, usan los mismos tipos de teléfonos, se comunican de la misma manera y  muchas veces crean necesidades tan artificiales como las que se tienen en las grandes ciudades. La intensidad de la vida de estos tiempos hipercomunicados llega a todas partes.

Desde las primeras incursiones en las que pude compartir Yoga en diferentes pueblos de España, y luego de Argentina, fui aprendiendo a dar con sencillez, a destacar la autenticidad como la mejor manera de comunicar, la transparencia en el mensaje y la contención en el aprendizaje.

Aprendí que aquellos que viven lejos de las ciudades, porque les parece mejor, muchas veces reciben lo peor de nuestras sociedades, ya que se sobrevalora la actividad económica y productiva de las ciudades y se desprotege y abandona a los pueblos, cuna de la esencia de las personas, reducto de una vida más auténtica y ecológica y con un fuerte práctica de los vínculos humanos.

Así y todo, en estos tiempos, practicar Yoga también es una necesidad en los pueblos.

Mi camino como un holograma.

Siguiendo la máxima que dice “Haz aquello que amas y no trabajarás un solo día de tu vida”, luego de años de práctica de Yoga, decidí dedicar mi tiempo a dar a conocer esta actividad, compartiendo mis experiencias y conocimientos en sesiones de Yoga.

Durante mucho tiempo había practicado en silencio mientras desarrollaba otras actividades, estudiando los aspectos más profundos y menos obvios de la práctica y tratando de entender con todo mi Ser los textos y ejercicios de Yoga. Al cabo de unos dos o tres años se instaló en mí la controversia de tomar el Yoga como una actividad profesional, controversia que trasciende mis propios pensamientos y está instalada en la actualidad en todo el mundo con el resultado de diferentes conclusiones.

Pero, conforme pasaba el tiempo, creció en mí el impulso de compartir, de dedicar más tiempo al Yoga que a otras actividades y fue entonces cuando decidí que estaba preparado para dedicarme a guiar sesiones con la sensación de estar bastante empapado  el espíritu del Yoga. Y digo “bastante” porque nunca parece ser suficiente por lo infinito de este espíritu.

Llevaba tres años viviendo en España, en un pueblo de la Comunidad de Madrid cuando m vida dio un cambio radical y una crisis personal me condujo a abrazar con cuerpo, mente y alma la posibilidad de dar forma a todo ese conocimiento que llevaba muchos años ya cultivando por mi cuenta. Fue entonces cuando me dediqué por completo a formarme como profesor, para adquirir las herramientas didácticas y estructurales de la docencia, dentro del contexto de Yoga.

Luego de realizar varios cursos de formación, comencé a dar Yoga en el pueblo en el que vivía y en otro no muy lejano. Pero estaba en proceso de mudarme a Valencia por lo que aquellas clases de Majadahonda y Sevilla la Nueva en la Comunidad de Madrid, quedaron en una señal que ahora puedo sumar a al resto del camino.

Llegué a la capital valenciana en 2008 y armé mi primer estudio de Yoga “Yoga sin Fronteras” en el centro de la ciudad, en el barrio de Cánovas. Además comencé a dar clases en otros tres lugares diseminados por diferentes barrios.

Pero, mientras me instalaba y comenzaba desde cero con esta actividad de manera profesional, con mucha ilusión, pero también con bastante incertidumbre, recibí una convocatoria, como un llamado mágico, de un pequeño empresario que se dedicaba a organizar cursos de formación profesional. Y como profesor de Yoga que era, Don Paco Molina quería incluir esta disciplina dentro de las posibilidades de la educación física de los trabajadores.

Este proyecto me llevó a dar clases regulares a tres pueblos ubicados fuera de la ciudad de Valencia. Allí comencé a experimentar el viaje en carretera hasta un pueblo. Conocer a unas personas con unas características particulares. Y comencé también a experimentar la comunicación y la guía de mis clases de Yoga con seres ávidos de actividades, de conocimiento (que por lo general nunca habían hecho Yoga), de poder vivir lo mismo que se vive en las ciudades sin tener que atravesar la dificultad de llegar hasta ellas.


Kilómetros de Yoga

Comencé a hacer kilómetros y a percibir un viaje particular. Un viaje en el que ir proyectando mentalmente la forma a una sesión de yoga, en el que reconocer a los practicantes y sus necesidades e ir diseñando a través de la intuición y el conocimiento la mejor sesión posible para todos y cada uno.

Recorría unos 60km hacia el norte para dar clases en la Provincia de Castellón, en Almazora, Nules o Moncófar; o viajaba hacia el oeste, uso 60 kilómetros hasta Requena. Y en cada oportunidad fui descubriendo el trato amable y respetuoso de quien recibe con alegría y agradecimiento la llegada de una actividad muchas veces, aún hoy, desconocida o mal conocida.

Luego de un tiempo de realizar estos viajes, pudiendo experimentar también las clases de Yoga en la ciudad, el destino me llevó a mi Buenos Aires natal, en Argentina, ciudad en la cual me instalé y repetí la experiencia de crear un estudio de Yoga, en el céntrico barrio de Recoleta, en donde estuve algunos meses.

Pero luego de un tiempo volvió a repetirse aquella primera experiencia de los viajes por las carreteras españolas, pero esta vez por las rutas del interior de Argentina, en la extensa  Provincia de Buenos Aires.

Las clases de Yoga en los pueblos empiezan ahora por el pueblo que habito, Iriarte (o Colonia San Ricardo), un pequeño pueblo a 350km de la inmensa ciudad de Buenos Aires, rodeado de campo, cielos y horizontes. Los viajes por ruta me llevan ahora a Juan Bautista Alberdi y Germania, dos pueblos distantes unos 15km y 35km de mi hogar.

Llevar el mensaje, mucho más que dar clases.

La experiencia de casi diez años de realizar esta actividad, la de dar Yoga por los pueblos, me enseñó que la concentración de todas las actividades de nuestras sociedades deja gente afuera, incluso Yoga.

En las grandes ciudades crecieron las escuelas y los estilos de Yoga, pero en los pueblos se suele pensar que yoga es una actividad menor, de pura relajación que tienen que practicar las señoras mayores con poca movilidad. La información que poseen en la práctica tiene mucho que ver con las primeras y limitadas interpretaciones que se hacían en Occidente de la manera de cultivar, practicar y compartir Yoga.

En pleno Siglo XXI y con herramientas tecnológicas como las que existen hoy en día para verlo todo, en lo pequeño, en lo real, dar clases de Yoga en los pueblos es una manera de aclarar cuáles son las formas y conceptos que en todo el mundo occidental ha ido tomando el Yoga, debiendo ser destacados los aspectos del profundo entrenamiento físico para niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, mujeres y hombres, y sus consecuencias positivas para la salud, la dimensión mental para encontrar un estado interior equilibrado y lo positivo de la transformación espiritual como elemento que mejora el ambiente social que se vive en las pequeñas comunidades.

Además de la práctica cotidiana y de organizar clases de Yoga, la necesidad de explicar y aclarar nociones básicas, que en otros sitios como las ciudades se da por hecho, quizá sea el mayor desafío para un profesor. Y la mayor satisfacción ver una y otra vez los excelentes resultados obtenidos por los practicantes en cada sesión.

Luego de tantos kilómetros, en un camino que siempre me parece estar comenzando, no me queda más que una sensación e gratitud al Yoga y a todas las oportunidades que tuve de conocer tantos Seres diferentes y particulares, de explorar diferentes ámbitos, de introducir a tantas personas a la práctica de Yoga, ya que desde su primera vez muchos han abrazado el conocimiento y cultivado esta amada, poderosamente transformadora y generosa actividad, convirtiéndola en algo permanente en sus vidas. 

©Pablo Rego
Profesor de Yoga
Masajista-Terapeuta holístico
Diplomado en Medicina Ayurveda de India

viernes, 22 de abril de 2016

Yoga en las escuelas de Iriarte.


Con motivo de la “Semana de la actividad física” fuimos invitados por la dirección de la Escuela primaria y el Jardín de infantes de nuestro pueblo, Iriarte (de la provincia de Buenos Aires), a compartir con los niños de ambos establecimientos una sesión de Yoga, para que, dentro del marco de la actividad física, los niños pudieran conocer y experimentar el Yoga como una actividad más, disponible en la sociedad actual.

Realizamos una sesión de unos cuarenta minutos, en algún aspecto experimental, pensando en que los niños pudieran probar un poco de todos los diferentes aspectos de una clase de hatha yoga (yoga del cuerpo).

Hicimos un pequeño ejercicio de toma de consciencia, una aproximación al pranayama (respiración consciente) varias asanas (posturas) relacionando al Yoga con la naturaleza, una relajación profunda y, para finalizar, la repetición del mantra “om”.


Los niños de la Escuela primaria, que suelen ser más revoltosos o inquietos, aceptaron de muy buen grado la propuesta. Fueron entrando en el clima de la sesión de apoco, se divirtieron con la propuesta de las posturas, al momento de relajar lo hicieron con mucho compromiso y disfrute y al llegar el momento de repetir todos juntos el mantra “om”, el respeto y la energía que se sintió fueron impactantes.

El encuentro en primaria fue por la mañana y por la tarde repetimos la propuesta en el Jardín de infantes al que asisten niños de tres a cinco años.


En el Jardín, aunque los niños tienen unas características diferentes por la edad, la predisposición fue la misma. Los niños participaron, quizá un poco más extrañados ya que necesitan algo más de tiempo para entrar en confianza (sobre todo los más pequeños), pero de apoco se fueron activando y terminamos compartiendo las posturas, la relajación profunda y la repetición de los “om” con una actitud muy participativa.

Puede parecer sorprendente, pero los niños, los más y los menos inquietos, tienen una receptividad natural al Yoga que resulta muy interesante de experimentar. La idea de acercar el Yoga a los niños y los niños al Yoga, en el ámbito de la Escuela resulta de gran importancia, sobre todo por los resultados obtenidos el mismo día de la práctica y después.


Vivir en un pueblo brinda la oportunidad de ver a los niños por la calle durante todos los días del  año y la manifestación de cariño por parte de ellos es la muestra fiel de que la experiencia de el Yoga en las escuelas fue muy positiva.

Esperamos seguir creciendo con propuestas en las escuelas ya que en el entorno social actual una actividad como Yoga, sus formas de afrontar el ejercicio físico y sus valores, puede aportar elementos muy positivos para la formación integral de los niños, sobre todo en el ámbito humano, fundamental para la aceptación y aplicación del conocimiento adquirido en las materias curriculares.





jueves, 18 de junio de 2015

"Todos podemos meditar": actividad gratuita abierta a la comunidad

Iriarte, Buenos Aires, Argentina - El pasado sábado 13 de junio, abrimos las puertas de nuestra casa para guiar y compartir una meditación grupal en el marco de un programa que denominamos “Todos podemos meditar” que apunta a difundir la meditación y su práctica como herramienta de autoconocimiento y superación personal.


Fue nuestro primer intento, desde que estamos en Iriarte, de crear una reunión de gente interesada, curiosa y abierta para que la actividad comience a conectar desde el plano más sutil.

Estas actividades van creando oportunidades de cambio, consciencia individual y colectiva y un vórtice de energía creativa que atrae de manera intuitiva a los seres que sienten afinidad con el reto de mejorar-se cosa que, por otro lado, es lo más natural.


Disfrutamos de la compañía y el apoyo (que valoramos absolutamente) de alumn@s habituales de yoga y de la visita de nuev@s amig@s, vecin@s de Iriarte y de otras localidades de la zona que se acercaron a compartir con una linda energía que aportó una dimensión de riqueza a nuestro encuentro.


Desde Yoga sin Fronteras y Luz de Pueblo seguiremos organizando eventos de este tipo para que tod@s aquell@s interesad@s en aprender y crecer en el arte del autoconocimiento tengan su espacio en nuestra casa y puedan experimentar y compartir su camino con seres afines, en un marco de cordialidad y calma.

viernes, 6 de marzo de 2015

Ya está funcionando la sala de Yoga en Luz de Pueblo

Sala habilitada para la práctica de Yoga y Terapias
Cuando llegamos a la casa donde estamos creando Luz de Pueblo evaluamos varias situaciones con el fin de conseguir habilitar todos los recursos posibles para nuestro proyecto. Una de las áreas que queríamos dinamizar es  la de ofrecer a nuestro entorno y a las personas que nos visiten y se alojen en nuestra casa es la de Yoga, masajes y asesoramiento en Salud Ayurveda.






La sala tal como la encontramos
La casa nos ofrecía un espacio que en sus orígenes había sido garaje y luego, durante años, una tienda que atendía “Pola”, la abuela de Rocío. Ese lugar fue reconocido durante mucho tiempo por su actividad y luego, durante años, quedó cerrado, con la consiguiente consecuencia de su deterioro edilicio.





Con todo ello, pesamos que sería importante incorporar a nuestro trabajo de reciclado de la casa ese espacio y que era el indicado para montar la sala de Yoga; Lo que más nos motivó a reciclar esta zona de la casa y a comenzar con las clases fue el entusiasmo que nos transmitieron  l@s vecin@s de Iriarte con respecto a la necesidad y deseo de aprender y practicar Yoga y aunque nos inquietaba bastante conseguir comenzar en tiempo y forma con las clases, nos propusimos comenzar en Marzo y cumplimos con  nuestro objetivo.

Trabajamos duro para transformar el aspecto y la sensación de estar en esa sala. Todo ese “trabajo” es energía y la energía puesta en ello cada día durante varias semanas fue quedándose en el ambiente y creando una nueva sensación.

Antes
Después











Finalmente, a comienzos de Marzo de 2015 dimos por inaugurada la sala para la práctica de Yoga, Masajes y Salud Ayurveda  con el apoyo y entusiasmo de un grupo de gente positiva y entusiasta que ha comenzado a venir a las clases, a compartir la práctica y a reforzar la energía del Yoga en la casa.


Colocando el suelo de goma 

La vida de este espacio, como una semilla, está creciendo y esperamos que se expanda para que todo aquel que quiera pasar por Luz de Pueblo pueda tener su momento de conexión con el mundo interior en este ambiente tan tranquilo y agradable.


Compartimos en este post la alegría de estar practicando Yoga y de vivir, desde esta sensación única, el resto del proyecto de nuestra casa de bienestar.


Probando el suelo de la sala